Lo que no decimos nos mata

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Todavía hay muchas personas que dudan de la relación directa que existe entre nuestras emociones y nuestra salud física.

Debemos ser conscientes de que cuando evitamos expresar nuestras opiniones o hacer lo que nos gusta por miedo a desagradar a los demás, al final lo que conseguimos es sentirnos mal con nosotros mismos/as.

Por ejemplo, el miedo a perder a un amigo por el hecho de expresar o discrepar con él, nos puede llevar a negar nuestros sentimientos y puede que más adelante estos nos desborden.

No es necesario que sean cuestiones sin importancia o intrascendentes pues sumadas, pueden generar un auténtico caos en nuestro interior si se lleva haciendo de manera prolongada en el tiempo.

No deberíamos tener miedo de ser sinceros y os contamos el porqué:

1. Los sentimientos no se eligen. Es lícito tener pensamientos y emociones que nos hagan sentir mal porque sentir de una forma u otra no nos convierte en buenas o malas personas; pues son nuestros actos los que nos hacen ser mejores o peores personas.

2. Las emociones funcionan como una brújula. Es decir, tenerlas en cuenta contribuye a discernir entre lo que deseamos y no, por tanto, nos orienta en nuestra toma decisiones y por tanto favorece en la construcción de una buena autoestima.

3. Los amigos, las personas en general evolucionamos. Si nuestro ideal de amistad choca con nuestra realidad, es momento de escucharnos y averiguar qué es lo que realmente queremos y qué nos molesta para así buscar soluciones.

4. Respeta lo que sientes. Si lo haces y eres consecuente con tus sentimientos y pensamientos, te será fácil expresar tus desacuerdos. Hazlo con serenidad, seguridad y no hagas aquello que no quieres hacer. Aprende a ser asertivo. De esa forma te respetarás, te respetarán y eso te hará estar bien contigo.

5. Decir lo que sientes no es sinónimo de discusión. Todos los amigos alguna vez atraviesan etapas de crisis o desencuentro, de distanciamiento o tienen algún conflicto, y eso no implica necesariamente romper la amistad. Por el contrario, en muchas ocasiones contribuye a fortalecer la relación aún más.

LO QUE NO DECIMOS NOS MATA

¿Sabes a dónde van las palabras que no se dijeron?

¿Sabes a dónde va lo que quieres hacer y no haces?

¿Sabes a dónde va lo que no te permites sentir?

Nos gustaría que lo que no decimos cayese en el olvido, pero lo que no decimos se nos acumula en el cuerpo, nos llena el alma de gritos mudos.

Lo que no decimos se transforma en insomnio, en dolor de garganta.

Lo que no decimos se transforma en nostalgia, en destiempo.

Lo que no decimos se transforma en debe, en deuda, en asignatura pendiente.

Las palabras que no decimos se transforman en insatisfacción, en tristeza, en frustración.

LO QUE NO DECIMOS NO MUERE… NOS MATA

Por tanto, busca siempre el equilibrio entre razón y emoción. Escucha a tus sentimientos y emociones. Ser capaces de identificar lo que se siente y reconocérselo ante uno mismo es el primer paso. Conviene dedicar un tiempo a analizar y averiguar lo que se quiere, ante qué cosas se experimenta temor, qué es aquello que nos entristece. (Ya hemos tratado el manejo de las emociones en artículos anteriores).

Aceptar esos sentimientos que nacen de tí. Es posible que con nuestra razón no lleguemos a entenderlos del todo, pero es importante respetarlos para no actuar en detrimento de nosotros mismos.

Y por último aprende a manejar tus emociones. Una vez que las conoces, dales salida apoyándote en la razón. Esa será la manera de poder expresarlas y conseguir aquello que siempre has deseado…

NO TENGAS MIEDO… SIENTE, ACEPTA Y ACTÚA EN CONSECUENCIA Y CON VALENTÍA

No te calles. Di lo que sientes y piensas, sólo cuida las formas; habla desde el amor que habita en Tí.

Luz Plena

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