A veces la mayor muestra de amor hacia alguien es desaparecer de su vida

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Cuando realmente amamos a alguien, con el corazón desligado de nuestro ego, nos puede resultar factible aceptar cuándo por un motivo u otro resulta conveniente que nos ausentemos de la vida de esa persona.

Evidentemente esa decisión no es sencilla y para nada coincide con el escenario en donde normalmente nos sentiríamos cómodos al amar alguien, en donde tenemos libertad para demostrarlo y esa persona se siente agradada con recibir las demostraciones de nuestro afecto.

Donde no puedas amar, no te demores. Frida Kahlo

Pero debemos aprender a amarnos a nosotros mismos e inclusive aprender a amar a los demás. Si no nos quieren en sus vidas, ¿nos vamos nosotros a encadenar a ellas? No es justo, ni para esas personas, ni para nosotros mismos. Todos merecemos estar a gusto con el amor, estar en presencia de la persona que nos hace sentir cómodos y lo más importante la que decidimos que esté, más que nos impusieron su presencia.

No tenemos que ser demasiado perceptivos, ni intuitivos, para darnos cuenta de que alguien no nos quiere cerca, de que estorbamos o bien, de que para esa persona ya hemos aportado en su vida lo que necesitaba y es necesario cerrar un ciclo.

Podemos sentirnos dolidos, frustrados, bravos y todo es válido, corresponde al proceso natural del duelo, pero va a pasar, ese compendio de malestar será por un tiempo finito, que no se comparará a lo terrible que puede ser estar en la vida de alguien en contra de su voluntad. Cualquier vestigio que pudiese quedar de afecto o de respeto, se desvanecerá por el rechazo que se puede llegar a inspirar.

Siempre será preferible perder a alguien a perder nuestra dignidad, más aún cuando consideramos que perder a alguien que no nos quiere en su vida no resulta una pérdida, sino un regalo y no importa si queremos recibirlo o no, no es opcional, ocurrirá de cualquier manera, mientras que la pérdida de nuestra dignidad sí que resulta opcional.

Siempre habrá alguien feliz de que estemos en su vida, no nos enfrasquemos en lo que sabemos que no es sano, reservemos nuestro afecto a quienes sabrán apreciarlo y valorarlo. Si debemos hacer un último regalo a esa persona que significa tanto para nosotros, pero que por un motivo u otro le resulta conveniente mantenernos a distancia, no lo pensemos más, el mejor presente que podemos darle es la ausencia que demanda, que más temprano que tarde nos daremos cuenta de que el presente era más para nosotros que para quien lo dirigimos.

Rincón del Tibet

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