La hermosa reflexión de vida que nos enseña el bambú japonés

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Dice la tradición que el bambú japonés crece de un modo muy particular. Para la cultura zen, el relato de la forma en la que germina su semilla es una metáfora del trabajo necesario para cumplir un sueño.

No hay que ser agricultor para saber que una buena cosecha requiere de una buena semilla, buen abono y un riego apropiado.

Normalmente al plantar la semilla, el agricultor no se queda frente a la semilla sembrada, esperando su crecimiento, porque sabe perfectamente que todo necesita su tiempo.

Cultivar bambú japonés no es apto para impacientes. Su proceso es distinto al de otros. El bambú japonés, es una de las plantas más lentas en crecer en todo el mundo.

Y es que el bambú es el mejor ejemplo que nos da la naturaleza de desarrollo y crecimiento que puede servirnos para pensar nuestra vida y quienes nos rodean.

El bambú japonés es un caso extraordinario que nos enseña una importante lección. Cuando un cultivador planta una semilla del árbol, no crece inmediatamente. Ni siquiera crece en las siguientes semanas.

No importa cuánto se lo riegue o abone. El bambú no crecerá ese año. Tampoco en el siguiente. Porque el bambú tarda siete años en salir a la superficie.

El cultivador inexperto pensará que la semilla ha muerto. O que sus cuidados durante las primeras semanas no han sido los adecuados. Pero pensar de esta forma es un error. Porque el bambú necesita de 7 años de cuidados para salir a la superficie.

Durante esos 7 años el bambú genera sus raíces, se carga de la energía necesaria para crecer. Porque después de ese período, el árbol crecerá 30 metros en sólo 6 semanas.

Después de 7 años de preparar el suelo, fortalecer sus raíces y generar todo lo necesario para su crecimiento, el bambú sale a la superficie para mostrarse sano y fuerte.

El bambú no se tomó 6 semanas para crecer. Sino 7 años y 6 semanas. Y el cuidado que le brindaron durante ese tiempo posibilitó que el árbol creciera.

Esta historia nos deja una gran enseñanza y es similar a lo que nos pasa muchas veces en la vida. En general nos apresuramos y nos ponemos ansiosos si no logramos inmediatamente un objetivo. Muchas de nuestras metas, especialmente las más ambiciosas, requieren tiempo y dedicación.

En la vida no todo tiene que florecer a las semanas, a veces las cosas más hermosas pueden nacer después de 7 años.

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