Hay quienes no te quieren lejos, pero no saben cómo mantenerte cerca

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Muchas veces los afectos y nuestras selecciones, nos hacen vincularnos de manera particular con personas con las cuales no resultamos del todo compatibles, que sabemos que nos quieren, que sabemos que las queremos, pero que resulta complicado mantener la cercanía de manera armoniosa.

En las relaciones donde no nos saben cuidar, que nos quieren cerca, pero que no nos ofrecen condiciones para que podamos permanecer sintiéndonos cómodos, es necesario revisar los parámetros de la unión, las condiciones y las intenciones.

Hay quienes nos quieren retener a su lado solo por una cuestión de ego, no porque realmente nos amen o bien, nos amen como nos merecemos. Se niegan a perder algo que para su entendimiento es de ellos, desde el dominio y el control, desde el miedo a afrontar una realidad diferente.

No necesariamente contribuimos a la felicidad de esa persona, pero la posible sensación de vacío no le permite dejarnos ir, la posibilidad de que podamos ser felices con otra persona o en soledad, le perturba y hacen una especie de prisión de donde nos cuesta salir.

Por lo general ese tipo de personas que no saben cómo mantenernos cerca, pero que no nos quieren lejos, desarrollan nexos de dependencia con facilidad, relaciones en donde abundan las necesidades, que aunque puedan ser cubiertas por ellas mismas, pueden endosarnos la responsabilidad.

Algunas veces con las pocas estrategias que tienen para mantenernos a su lado, optan por la manipulación, el inspirar lástima, el hacernos sentir culpables, y adoptan posiciones de aparente desventaja ante una potencial separación.

Lo cierto es que todos merecemos estar con alguien que nos quiera a su lado y que sepa qué debe hacer para que la interacción sea cómoda para ambos, en donde nos sintamos queridos, protegidos, amados, donde podamos dar lo mejor de nosotros y esto va a ser valorado por el otro, así como retribuido.

Estar con alguien por miedo, en cualquiera de sus presentaciones es un error que muchos cometen, sin considerar que las mejores relaciones son aquellas donde el amor se manifiesta desde la libertad, sin cercas, ni barrotes, donde lo que tenemos que hacer para que la otra persona se sienta bien fluye con naturalidad desde nuestro interior, no es forzado, no es premeditado.

Quien nos quiera querer, bienvenido, quien no sepa qué es lo que debe hacer para mantenernos a su lado y use sus peores recursos, sencillamente nunca nos podrá ofrecer aquello que nos merecemos, y cuando nos acostumbramos a recibir poco, a no darnos nuestro lugar, nuestro entorno actúa en consecuencia y resultamos siendo unos mendigos de la vida y en especial del amor.

Mujer

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