Cuando menos lo esperas el amor te sorprende

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Duda que sean fuego las estrellas, duda que el sol se mueva, duda que la verdad sea mentira, pero no dudes jamás de que te amo. – William Shakespeare

Era como si él fuera la única estrella que brillaba en el cielo aquella noche, sinceramente nunca pensé sentir esto por nadie, fue una sorpresa para mí darme cuenta que con tan poco tiempo compartiendo con él ya era alguien tan especial en mi vida, ahora veo que es verdad cuando dicen que el amor toca tu puerta cuando menos te lo esperas, mayor sorpresa es tener la suerte de conocer a tu alma gemela a primera vista, pensé que estas cosas solo sucedían en las novelas, jamás pensé que me sucediera a mí, por eso a diario me sentaba sola en la oscuridad de mi habitación y me preguntaba ¿cómo es que siento esto tan fuerte por alguien que conocí solo hace un par de semanas?, ¿sentirá lo mismo por mí? , ¿esto será incluso normal? No sabía que sucedía con mi mente todo lo abarcaba él, mis sueños, mi imaginación, mi todo.

Desde pequeña he crecido con la idea de un príncipe azul, como seguro la mayoría de las mujeres lo han hecho, que sea alto y rubio, con ojos claros y hombros tonificados, que venga de una buena familia y preferiblemente que tenga dinero. No puedo creer que me haya contenido tantos años, tantos hombres que no aprecié, que no valoré por unas estúpidas expectativas. Pero eso acabó desde el primer momento en que posé los ojos en él, tal vez no era perfecto ni cumplía todas las características de la lista que tenía desde mi infancia, sin embargo, para mí era el hombre ideal, el hombre que no sabía que iba a acabar con tanta soledad y que iba a llenar mi vida de amor y cariño, soy tan afortunada que miraba al cielo en busca de alguna señal de que fuera un sueño, gracias a la vida era una realidad.

Muchos dicen que el amor a primera vista no existe o que el amor es una fantasía, pues si esto no es amor no sé qué es lo que siento, ahora de verdad puedo decir que los deseos se hacen realidad porque no recuerdo qué era de mi vida antes de él, de mi amor, estaba perdida tal vez desorientada, y hoy aquí estoy, feliz.

Valió la pena, valió la pena esperar, valieron la pena los otros tropiezos que me hicieron llegar hasta el, de repente ya no sentí miedo, me enamoré locamente de lo que me hacía sentir cuando estaba junto a él, no sentí miedo de entregar mi alma, arriesgué mi corazón y mi vida, y esta vez, esta vez salí ganando… Hoy, luego de mucho tiempo, aún siento lo mismo.

Aprendemos a amar no cuando encontramos a la persona perfecta, sino cuando llegamos a ver de manera perfecta a una persona imperfecta. – Sam Keen

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