Cómo convertirse en una persona normal

0
5990

como-ser-normal

Hace unos días me dijo una clienta con una vergüenza inaguantable:

— Ninguna persona normal estaría devorando patatas fritas directamente de la bolsa en la puerta de su casa. Usted, doctora, seguramente no lo hace.

Vale. Pues yo creo que si quieres comerte unas patatas fritas, justamente así es como se deben comer: en el camino, con alegría, a escondidas de tus familiares y lamiéndote la sal de los dedos. ¿Qué otros elementos nocivos tiene: especias, glutamato monosódico? Bueno, eso es lo que hay que disfrutar. ¿De qué otra manera se pueden comer? ¿Acaso con un cuchillo y un tenedor de un plato de porcelana?

Pero claro que no se trata de las patatas fritas. Se trata de esas míticas «personas normales».

Mis clientes constantemente me hablan de ellas, curiosamente, comentan cosas contradictorias. Ellas, esas personas «normales», aparecen por todos lados, tal como fantasmas.

Las personas normales jamás consumen comida chatarra. Una persona normal nunca hubiera hecho nada similar. O, al contrario, una persona normal jamás se preocuparía por dietas y toda esa basura. Una persona normal no le alza la voz a un niño en público. Una persona normal jamás se cansa de los niños y se dedica a su desarrollo.

Una persona normal jamás se hubiera permitido vivir en esta suciedad. Una persona normal siempre estaría haciendo algo y socializaría con los demás en lugar de cubrirse de moho en la casa. Una persona normal jamás trabajaría por ese sueldo.

Una persona normal adora las fiestas. Una persona normal no gasta su tiempo en bares, solo en sus estudios y deportes. Una persona normal ganaría el dinero suficiente para comprar un departamento normal.

Una persona normal no piensa en su vestimenta pero siempre se ve bien. Corre maratones. Habla todos los idiomas conocidos. No tiene celulitis, no suda, no se le cae el pelo, no sube de peso y puede tragar clavos.

Especialmente en lo que se refiere a sentimientos, una persona normal siempre es exitosa. Va por la vida con una sonrisa. Siempre tiene pensamiento positivo. No conoce las dudas. En cualquier momento está dispuesto a arriesgarlo todo. Jamás grita, no siente ansiedad, miedo o remordimientos de consciencia. No la molestan sus hijos, no la lastiman las palabras ofensivas, no se preocupa por una discusión con su pareja. No es vulnerable.

Me dicen que una persona normal, después de una discusión con su padre, nunca se sentiría desgraciada durante una semana. ¿Y cuánto tiempo se sentiría así? ¿Un día? ¿Media hora? ¿Cinco minutos? No, resulta que nada. Se reiría y seguiría adelante. Estaría «a un nivel superior a eso».

Una persona normal, para cuando termina la universidad, ya sabría cuál es su vocación. ¿Cómo lo sabría? Sepa Dios. Por arte de magia, tal vez.

Una persona normal se daría cuenta del momento adecuado para tener un hijo. ¿Cómo lo entendería? ¿Cómo es posible entenderlo si todos los libros acerca de maternidad, en el mejor de los casos, abarcan la parte «técnica»?; y en el peor, mienten insolentemente afirmando que te espera una felicidad eterna que a veces se opacará con el deseo de dormir?

A veces me imagino a una persona normal como a un animal que no existe. Cadaverus. Tiene la cabeza de un gato, la cola de caballo, una pata de cocodrilo, otra de pollo y se alimenta de clavos.

Y es inútil intentar enseñarle a los clientes todas estas incoherencias. Poner en duda la viabilidad de «cadaverus», dudar que sea real. Porque la realidad está en una dimensión, y «una persona normal» en otra.

En sí, es un cascarón que nosotros llenamos de vergüenza venenosa y corrosiva, con nuestra propia vergüenza. Le atribuimos todo lo hermoso, esa mítica persona normal es infalible, perfecta y tiene derecho a hacer lo que le plazca. Tiene derecho a vivir, demonios.

Mientras que a nosotros nos queda todo lo vergonzoso y miserable. Y dan ganas de encogerse, desaparecer, disolverse.

Se puede ir más profundo en el tema y reflexionar mucho acerca de la vergüenza narcisista, narcisismo, sociedad moderna, pero lo haremos algún otro día.

Por lo general, siempre llego con mis clientes a la conclusión de que es nuestra consciencia la que está jugando cruelmente con nosotros. Todos somos personas anormales. En diferentes medidas. Todos nos volvemos histéricos, nos preocupamos por tonterías, cometemos errores y difícilmente aceptamos sus consecuencias. Y de vez en cuando nos sentimos desgraciados. Y a la vez, todos somos normales.

Para convertirse de una persona anormal a una normal, debes hacer solo una cosa. Muy sencilla. Pero complicada.

Debes ampliar los límites de la normalidad e incluirte en ellos.

Algunas personas normales no soportan las fiestas. A algunos les irritan los hijos; a otros, los padres. Los terceros no pueden negarse un postre pero siguen siendo normales. A otros les da pereza rasurarse las piernas cuando hace frío, y algunos muerden sus uñas. Las personas normales se equivocan. Lloran. No saben manejar la ansiedad. Y comen patatas fritas de la bolsa.

Las personas normales hacen todo aquello que hacemos nosotros. Porque somos ellas. Casi todas las reglas del mundo moderno no le fueron entregadas a Moisés, sino inventadas por humanos relativamente hace poco. Tales como la celulitis y cómo luchar contra ella. Somos más normales que estas reglas.

Y, tal vez, ¿no deberías sentirte avergonzado por esto?

Bueno. Y se supone que solo quería escribir un par de líneas acerca de las patatas fritas.

Autora: Anastasia Rubtsova / Genial.guru

Te gustó este Artículo?
Suscríbete y recibe nuestras últimas noticias, artículos y actualizaciones de Paradigma Terrestre directamente en tu Correo...

No hay comentarios

Dejar respuesta